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La lucha por el agua: Entre el derecho y la ley

“Gota a gota, el agua se agota”.

Es una de las frases con la que más de una generación crecimos. Desde hace varias décadas, el cuidado del agua ocupa un lugar en los medios de comunicación. Sobre todo, para concientizar a la población sobre el uso privado del líquido vital, es decir, el tratamiento que le damos en las prácticas cotidianas en nuestros hogares. No es sino hasta el auge de las redes sociales, que vemos en la discusión pública popular los otros usos desmedidos e irresponsables del agua, como los de la industria refresquera, la ganadería y la inmobiliaria. Con la información al alcance de la palma, ¿qué podemos hacer? Comunitariamente, ¿qué acciones estamos tomando por la seguridad hídrica? 


El acceso al agua es reconocido como un derecho humano. No obstante, en el mundo-catástrofe que habitamos, es una lucha. La aceleración del capitalismo caníbal, modelos estatales neoliberales y la indiferencia colectiva complican severamente la garantización del agua. En el caso de México, queremos recuperar los enfoques de las legislaciones y las resistencias colectivas en defensa del agua como derecho. Conocer el estado de nuestra realidad es un primer paso para posicionarnos, exigir y activar nuestros entornos. 


Enfoques legales. Las obligaciones del Estado en el contexto neoliberal

Hay tres artículos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que abordan los recursos hídricos:


  • El artículo 4 reconoce el “derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible”. Asimismo, establece la obligación del Estado de garantizar este recurso a partir de la articulación de las entidades federativas. 

  • El artículo 27 estipula que el agua es propiedad de la Nación y su repartición  como propiedad privada está a cargo del estado Mexicano. Este debe atenerse a los acuerdos internacionales de territorio y al interés público.

  • El artículo 115 destaca las funciones del servicio público para asegurar la infraestructura necesaria que permita el flujo, abastecimiento y tratamiento del agua en todo el territorio.


En resumen, la Carta Magna establece que las autoridades gubernamentales son responsables de la seguridad hídrica, así como de las condiciones infraestructurales para el suministro nacional. Por su parte, el artículo 27 nos invita a una reflexión muy particular. ¿Hasta qué punto es contradictorio que el agua sea una “propiedad” y a la vez un derecho? Si hemos concluido que el agua es un requisito indudable para la vida y su desarrollo, comprenderla como un objeto de posesión genera tensiones para el libre acceso a ésta, sobre todo en dinámicas capitalistas. Esto nos lleva también a problematizar la función del Estado. Si aceptamos su figura como “propietario del agua”, hay que esclarecer a qué intereses responde la gestión que hace de este recurso. Hemos visto concesiones asesinas de territorios en los que mantos acuíferos son saqueados por empresas extranjeras, desplazando poblaciones enteras, atentando la vida y reproducción de flora y fauna, contaminando y desertificando zonas.


Además de la Constitución, en 1992 se aprobó la Ley General de Aguas en México que establece criterios para la asignación de recursos hídricos, priorizando consumo humano y actividades económicas. A pesar de incluir principios importantes como la participación comunitaria y la protección de cuerpos de agua, esta legislación no ofrece claridad sobre los criterios de asignación del agua. Lo cual ha implicado concesiones a empresas extranjeras, como refresqueras, embotelladoras y mineras, que bajo sistemas extractivos sobreexplota y degrada los recursos hídricos del país. Esto genera una desertificación de territorios, desplazamiento forzado de comunidades, afectaciones a flora y fauna de manera irremediable y contaminación que queda impune. A pesar de las múltiples reformas a esta Ley, sigue prevaleciendo la ausencia de mecanismos efectivos que frenen los abusos de la lógica privatizante y el extractivismo hídrico. 


Agencia colectiva: Vivimos para luchar y luchamos para vivir


¿Aceptamos la lógica de propiedad? Es fundamental luchar por una pertenencia colectiva del agua, la gestión responsable y comunal para evitar que intereses externos se sobrepongan al abastecimiento hídrico público. Si el agua es un bien económico o una propiedad, necesita negociarse. Pero, los derechos humanos no se negocian. Al advertir esta contradicción, diversos grupos de la sociedad civil se han unido para exigir un acceso justo al agua. 


Los megaproyectos residenciales o comerciales no pasan desapercibidos y menos aún por la población inmediata de sus alrededores. Las zonas de estas megaobras son víctimas de un saqueo hídrico que atenta contra su acceso al agua, pues es necesario desabastecer su consumo para priorizar el de dichos proyectos. En ese sentido, comunidades enteras son fuertemente afectadas. Hay que destacar que, por el contexto de urbanización, el crecimiento acelerado de la mancha demográfica y la gentrificación, estas comunidades suelen ser sectores populares marginados. 


Parte de la ficción neoliberal es hacer creer y asumir acríticamente que no hay posibilidad alguna de cambiar el sistema, que todo esfuerzo contra éste será en vano, que es el único posible y, en todo caso, es el más deseable. No obstante, la experiencia nos muestra lo contrario. Los activismos y la defensa colectiva son los sitios desde los que históricamente proviene el cambio. Un ejemplo indudable de ello son las luchas contra la esclavitud y las luchas feministas. Y la lucha por el agua no es la excepción. 


El Consejo Nacional Indígena, Cooperativas en Xochimilco, Acción Comunitaria y del Buen Vivir, Guardianas del Agua, Agua para Tod@s, y demás organizaciones barriales participan activamente por la defensa del agua. Por ejemplo, en su activismo han gestionado bloqueos en las megasobras, empujado amparos y reformas legales, elaborado mecanismos y estrategias para la planeación y gestión hídrica a nivel comunitario, formado comités de agua, organizado asambleas nacionales, realizado trabajo de investigación y documentación, y recuperado espacios devastados.



¿Qué puedo hacer yo? 5 estrategias para actuar por la seguridad hídrica


¿Qué es lo que tú ves cuando miras un cuerpo de agua? Puedes ver un bien económico, un medio de desarrollo comercial, un derecho humano, un recurso para una comunidad, un ecosistema entero, un hogar para diversos animales y plantas… en muchos de los casos, sólo será un recuerdo. 

La emergencia climática, un Estado neoliberal y la persecución hacia líderes ambientales nos coloca en una encrucijada en la que actuamos o perecemos. Ya atestiguamos las consecuencias caóticas de dejar en manos ajenas la gestión de una necesidad vital. El agua requiere ser cuidada, es indispensable para el sostenimiento de la vida. Por ello, te compartimos algunas acciones para romper con la inercia indiferente que nos paraliza.  


  1. Infórmate críticamente. Conoce la situación legal respecto al agua, tanto a nivel nacional como internacional. Sigue y apoya la información de los colectivos autónomos que defienden el agua, así obtendrás múltiples perspectivas y te enterarás de los sucesos en tiempo real. Conversa sobre esto con tus amistades o familia para que crezca la conversación y difundamos una perspectiva crítica e informada sobre la crisis hídrica. 

  2. Gestiona con responsabilidad. En tu espacio doméstico y laboral, implementa instrumentos y estrategias para reducir tu consumo de agua mediante un mejor aprovechamiento, captación pluvial y darle más de un uso del agua —como cuando lavas el piso con el agua que usaste para lavar tu ropa o riegas tus plantas con el agua con la que cocinaste—.

  3. Activa en tu localidad. Habla con tu red vecinal más inmediata y averigüen cómo, quién y por qué medios gestiona el agua en su departamento, manzana, colonia y alcaldía o municipio. Organícense y rótense para que haya una presencia activa en la gestión y toma de decisiones —es nuestro derecho ciudadano formar parte—. Planeen comunitariamente formas más eficientes y justas para la distribución hídrica de su zona y el cuidado del agua. 

  4. Politiza tu consumo. Con la información, puedes tener mayor conocimiento de la lógica extractivista y las empresas beneficiadas. De manera que puedes tomar decisiones de consumo consciente y elegir productos sostenibles. Además, puedes participar en sabotajes pacíficos a tales marcas o sectores empresariales que saquean el agua.

  5. Transforma tu entorno. Participa en la limpieza de ríos y humedales, organiza y asiste a las asambleas por la defensa del agua, colabora en las siembras de árboles, así como en más acciones para conservar la humedad o purificar naturalmente el agua. 


Estamos en un momento histórico, económico y cultural en el que la neutralidad no existe: tomamos acción ya o contribuimos a la extinción. Gestionemos lo común, no abandonemos la lucha por el agua, es la condición de posibilidad para cualquier justicia. 


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