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Comunidades desplazadas e indiferencia ambiental. ¿Por qué no miramos la Migración Climática?

¿Te imaginas tener que dejar tu hogar, tu cultura, tus bienes, tu territorio e incluso a tu familia porque el espacio se ha vuelto inhabitable? Quizás te recuerde a los escenarios típicos de películas y series apocalípticas. Pero no es ficción, es la realidad de cientos de comunidades. El Centro de Monitoreo de Desplazamientos Internos (IDMC), registró 32,6 millones de migrantes climáticxs en 2022. De acuerdo a proyecciones, con este ritmo se sumarán 216 millones para 2050.



¿A qué nos referimos cuando hablamos de Migración Climática?


La movilidad humana es un fenómeno constante y diverso que ha trazado el rumbo de la cultura y la historia. Migrar es un derecho. No obstante, cuando hablamos de migración climática necesitamos enfatizar que proviene de un derecho que ha sido robado. En 2022, la ONU declaró que todas las personas tenemos derecho a un medioambiente saludable y sostenible. Ese es el derecho que fue arrebatado a 32,6 millones de personas desplazadas climáticas.


La migración climática es un desplazamiento forzado, es el escape de la zona-desastre que ha resultado de la crisis climática. Recuperando el testimonio de la comunidad El Bosque, de Tabasco, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, podemos entender que la migración climática significa también la desaparición de casas donde cumpleaños fueron celebrados, escuelas donde decenas de generaciones aprendieron, parques donde personas se divirtieron y enamoraron. En ese sentido, es una forma de extinción comunitaria.


Como todo fenómeno contemporáneo, el desplazamiento climático debe observarse desde una perspectiva interseccional. Esto se debe a que advertimos que esta migración está atravesada por procesos de racialización y empobrecimiento, pues las principales zonas que son devastadas por los eventos climáticos extremos son comunidades históricamente marginadas y las primeras personas afectadas por el cambio climático son poblaciones racializadas. Esto no es casualidad. El abandono de comunidades rurales y el racismo ambiental guardan una relación directa para comprender quiénes son lxs migrantes climáticxs.


¿El mundo se vuelve contra nosotrxs? Causas de la Migración Climática


La encuesta del Centro de Migración Mixta (2022) reveló que en el 50% de personas centroafricanas migrantes influyeron las condiciones de su medio ambiente para tomar la decisión de mudarse. Tanto las inundaciones como las sequías, los incendios y la deforestación de hectáreas de cultivo generan destrucción de bienes, inseguridad alimentaria, pérdida de empleo y deterioro de la salud. Esta situación es la que desplaza a las personas y les hace optar por vivir en territorios con mayor estabilidad.


Los fenómenos climáticos extremos mencionados —huracanes, inundaciones, sequías y olas de calor— son resultado directo del aumento desproporcionado de la temperatura global porque desequilibra ecosistemas enteros. Y, como es bien sabido, la temperatura planetaria aumenta por la acumulación de gases de efecto invernadero (GEI). Estos GEI se derivan principalmente de las industrias que emplean combustibles fósiles y químicos, así como de la deforestación —cuya causa también apela al ritmo de producción industrial y el crecimiento demográfico no planificado—.

Además del calentamiento acelerado e insostenible del planeta, la degradación ambiental también imposibilita la vida en determinadas zonas. Esta devastación es resultado de megaproyectos extractivistas y de una gestión irresponsable de los residuos, pues la explotación de recursos y la contaminación de territorios generan condiciones insalubres y de escasez. Por ello hay que enfatizar que la pobreza y la falta de acceso a servicios de salud juegan un papel clave en tanto que las poblaciones con mayor índice de desigualdad social y económica no cuentan con herramientas suficientes para adaptarse a los impactos de la crisis climática. Así, la precarización se agrava y produce la necesidad de desplazarse.


Ataquemos la raíz. El problema de la emergencia climática tiene su origen en un modelo económico irresponsable y en la indiferencia de los gobiernos mundiales para atender la crisis. No podemos pretender una economía de producción infinita cuando nuestros recursos son finitos. Es urgente mirar lo que teóricas como Nancy Frazer han denominado Capitalismo Caníbal (2023) para señalar que el sistema político y económico actual está acabando con el planeta y la vida en él, aún a sabiendas que son la condición de posibilidad para la permanencia de sí mismo.


Atestiguamos una suerte de canibalización en la que el mundo se devora a sí mismo. Pueblos enteros están desapareciendo y zonas se vuelven inhabitables y, por ende, intrabajables. El capitalismo se aniquila a sí mismo a través del asesinato de ecosistemas biodiversos.

El conflicto por la vida ha iniciado. Aquí y ahora ya nos disputamos los recursos porque hemos extinguido las condiciones para la vida. Poblaciones son olvidadas en sus territorios originarios; mismas poblaciones que son marginadas en sus nuevos territorios. La migración climática puede generar un serio efecto dominó sobre la seguridad alimentaria, la vivienda, la urbanización acelerada y la concentración de bienes.


Nos negamos ser espectadoras del colapso del mundo


Los medios de comunicación tradicionales y los Estados se han caracterizado por su silencio sobre esta particular migración. El desplazamiento climático no deja de existir si lo dejamos de mirar, esta invisibilización sólo entorpece las acciones responsables y sensatas para prevenirlo y cuidar las transiciones migratorias.


A pesar de los flujos migratorios internos y externos de América Latina a causa de la crisis climática, no hay una agenda política clara al respecto. Tan sólo hay que considerar que la figura de migrante climático no existe aún como una categoría legal. Nuestra querida Francesca Gargallo dijo “La calle es de quien la camina, las fronteras son asesinas”. Sin lugar a dudas, estamos de acuerdo en la libertad de movilidad y desplazamiento humano. Por ello, nos preocupa que el motor de la migración climática sea la inhabitabilidad de un territorio. Cuando la vida ya no puede reproducirse en un espacio, cuando nuestra estancia se vuelve insostenible por la crisis climática, no podemos mirar hacia otro lado.


¿Cómo frenar la catástrofe? Es necesario exigir y construir una reforma ambiental que frene la contaminación de la industria privada y pública, especialmente para mitigar las emisiones de CO2 y la generación de residuos, así como el tránsito a energías renovables. De igual forma, trabajar de la mano con el sector empresarial para implementar efectivamente medidas y regulaciones de responsabilidad ambiental dirigidas a la reparación y no repetición de daños. Además, es indispensable un plan nacional e internacional de reubicaciones planificadas para que en el tránsito migrante sean respetados sus derechos humanos y la dignidad sea un eje rector. Recordemos que el desplazamiento causado por la crisis climática les vuelve víctimas de las acciones y omisiones de terceros. Este enfoque, asimismo, debe procurar la prevención para que ni una comunidad más se vea obligada a abandonar su hogar.


Siempre defenderemos que las personas se muevan hacia donde necesiten para perseguir sus metas, ser felices, probar suerte o vivir la vida que desean. El desplazamiento climático busca la supervivencia en medio de un mundo catástrofe.  Por ello, es indispensable tomar todas las medidas necesarias para salvaguardar el derecho humano a un medioambiente sostenible, tanto en el tránsito y recepción de lxs refugiadxs climáticxs así como en la justicia, reparación y restauración de los territorios vulnerados.


La vida resiste pese a todo. No todo está perdido. Construyamos el mundo que necesitamos. 


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